Una de las profesiones más difíciles que existe es la de comercial a puerta fría. Da igual de qué producto se trate porque al final lo que estás tratando de vender es algo que el cliente no te ha solicitado. El éxito de la operación depende de muchas variables, pero siempre comienzas con ese “no” como respuesta inicial. No tienes nada que perder, así que toca intentarlo.
Los escritores somos algo parecido a un agente de ventas que se presenta en la puerta de la casa del lector con la intención de convencerle de que le compre la novela que ha escrito. Seguramente esa persona no tenga la costumbre de leer. O, si lee, es posible que no sea aficionado al género de la novela que le ofrece. Lo más seguro es que no muestre más que un interés superficial por la novela, pero prefiera ni leer la sinopsis porque no te conoce de nada, aunque te siga en la red social que hace las veces de puerta de entrada. Ya puedes trabajarte un post maravilloso en el que resumes las opiniones positivas de los lectores que ni siquiera leerá la primera de ellas. Si este escritor tiene la suerte de que sus libros ocupen los puestos principales en las estanterías de novedades de las librerías más importantes, seguramente la puerta se haya calentado mucho más. Pero es muy posible que esos ejemplares regresen por donde hayan venido rumbo hacia las estanterías de la distribuidora.
Pero… como aparezcas en la tele, has triunfado. Puedes ser presentador de noticias, actor, periodista, modelo, concursante de realities o personaje del corazón que vas a contar con la atención del público que antes te la ha negado. Es lo que tiene aparecer en la tele: que te da una notoriedad imposible de igualar. Y eso lo saben las editoriales, por supuesto, que se vuelven locas por firmar a una de esas celebridades para que «escriba» una novela. También cuenta tener un perfil de redes sociales con muchos seguidores (algo que no te asegura tener un mercado fiable) porque seguramente tengas mucho más alcance que el mindundi que te está enseñando su novela en su perfil de Instagram con dos mil seguidores. Un pringao, vamos.
Pero, claro, yo también comprendo al lector. En un mercado en el que los escritores independientes proliferamos como conejos y te puedes encontrar de todo, el cliente opta por levantar una barrera muy complicada de derribar. Pero lo que sí que tienes que ofrecerle es un buen producto para que, en el caso de que decida echar un vistazo a tu novela, decida leerte. Puedes echar abajo ese muro apareciendo en la tele, por supuesto. Es un bulldozer imparable. También puedes tener una oportunidad mediante una estrategia de marketing muy profesionalizada en la que debes invertir dinero y tiempo pero que tampoco te aseguran resultados.
¿Y qué hay que hacer para superar ese muro?
No tengo ni idea. Como diría Fray Guillermo de Baskerville en «El Nombre de la Rosa»: si tuviera las respuestas estaría enseñando teología en París.
Yo, de todas formas, seguiré tratando de venderte mi novela como si de un buhonero literario se tratara… hasta que me veas en la tele, claro.



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