Vozhina (Tranquilo, no hablo de fútbol)

Vozinha

En la mayoría de las circunstancias se dice que, para tener éxito, hay que tener una mezcla de suerte y valor. Lo segundo, el valor, es algo innegable: debes tener algo que te haga ser mejor que los demás, tener una capacidad especial en tu gremio y destacar sobre tus compañeros/adversarios. Lo primero es algo fundamental: necesitas tener la suerte de estar en el lugar y el momento adecuado. Puedes ser un profesional de primera categoría, pero si permaneces en una segunda fila alejado del foco principal, no va a servir de nada. Y así puedes pasarte toda la vida: siendo muy bueno en lo que haces pero muy poco reconocido en todos los sentidos, lo cual en la mayoría de las ocasiones lleva a la frustración y la infelicidad.

                La gente a tu alrededor tratará de consolarte con el argumento, manido y muy manoseado, de que el mundo es así: Hay quienes tienen la suerte de aparecer en el momento adecuado y destacar por encima de otros que tienen menos talento. Es lo que hay, y tienes que conformarte. Este argumento engrosa la fila de personas tocadas por la frustración y que coquetean con momentos mentales muy complicados y peligrosos. En ocasiones este sentimiento se puede tratar de aliviar obteniendo un pequeño triunfo en la vida, en la mayoría de las ocasiones mediante un puesto de trabajo más o menos bien pagado que te permita llevar una vida normal o algo similar. Una noticia positiva en un aspecto vital que no te llena ni te hace feliz, pero que al menos de cara a los demás te permite llevar una vida normal, o al menos lo que ellos consideran como una vida normal.

                Pero, en el fondo, eres un infeliz.

               Es complicado conjugar la suerte con la calidad, y más todavía en el mundo paradójico en el que vivimos: estamos conectados al mundo a todas horas y, aún así, somos incapaces de descubrir talentos ocultos. ¿Dónde coño andaba Vozinha antes del Mundial? En un equipo de segunda división portuguesa después de un periplo vital recorrido en equipos muy menores. Se supone que este portero ya era bueno antes del Mundial, por lo que el talento lo mantiene a pesar de tener ya cuarenta y un años, que para el deporte profesional es demasiado. Quizá por ese motivo nadie haya apostado por él, pero en junio del 2026 apareció en el escaparate mundial con actuaciones dignas de un portero de élite ante rivales de entidad, entre ellos España y Argentina, los finalistas. De repente se ha convertido en un fenómeno mundial al que la suerte de conseguir estar en el lugar adecuado le ha llegado, quizá, demasiado tarde.

               

 Y es que el ruido nos impide detectar el talento. Hay demasiadas interferencias que tienden un tupido telón que nos aleja a conveniencia de quien controla el relato de nuestra vida. Nosotros mismos colaboramos manteniéndonos en el margen cómodo, aquel por el que todo el mundo transita y por el que eres uno más. Compras la ropa que está de moda independientemente de si te gusta o no. Vas a los restaurantes, bares o pubs que recomiendan otras personas y postureas como si te hubiera molado la experiencia. Escuchas la música que las cadenas de radiofórmula te ponen a todas horas con una insistencia machaconamente científica (saben muy bien lo que hacen) porque es lo fácil. Sigues poniéndote los viejos clásicos porque crees que no hay nadie con la misma calidad, cuando la realidad es que lo que quieres es escuchar las mismas canciones una y otra vez porque estás cómodamente instalado detrás de ese telón. Y, cuando alguien aparta ese obstáculo y se toma el tiempo y el interés en buscar entre lo que hay oculto, de pronto encuentra algo que le sorprende: coño, este grupo de música mola. Vaya, este escritor es muy bueno: ¿Por qué no lo conocía?

                ¿Dónde coño andaba Vozhinha si es un porterazo?

                Hace unos días recibí un mensaje de un lector emocionado. Me había conocido de refilón escuchándome en un podcast de Ivoox (no especificó cual), cuando se animó a leer la novela de la que hablaba en el programa. Dijo: voy a darle una oportunidad. Primero se pasó por mi web para leer los capítulos gratuitos de la obra, ya que es algo que tengo activado en todas mis novelas. Le gustó mucho lo que leyó; es más: se sorprendió. ¿Cómo no ha oído hablar de mí si es un aficionado a las novelas del género en cuestión y está suscrito a canales e instagramers que recomiendan esas obras?

                Esto no queda ahí. Me indicó que comenzó a leer otra de mis novelas de un género radicalmente diferente al que era muy aficionado, pues había leído a los lectores actuales más vendidos que le gustaban mucho. La devoró en un par de días. Luego se puso a leer el resto de mis obras e incluso se escuchó los podcast en los que serializo (con más desacierto que otra cosa), un par de relatos que escribí hace no mucho tiempo: Mundo Oscuro e Incómodos Invitados. A mí me sonaba lo que me contaba ya que en las estadísticas de KDP (la web para los que publicamos en Amazon de manera independiente) me aparecían las ventas de las novelas que me había mencionado con una periodicidad de, más o menos, tres o cuatro días entre ellas. Este lector había aprovechado primeramente Kindle Unlimited, que te permite leer gratis la obra si el escritor la ha dado de alta en esta plataforma, pero luego se pilló dos novelas en Kindle y luego adquirió el resto de novelas en papel. Me dio la enhorabuena y me animó a continuar escribiendo y creando historias porque él estaría a mi lado para hacerse con ellas. Era, para mi alegría, un lector que había decidido atravesar el telón y descubrir a un escritor de tanto o más talento como cualquier escritor de primer nivel.

                Esta historia se ha repetido en muchas ocasiones, no tantas como para convertirme en un fenómeno viral. Quizá sea debido a que el perfil de mis lectores, o al menos el de la mayoría, no coincide con el del resto que postea y recomienda sus lecturas de manera febril en las redes sociales. Son gente discreta que disfruta de la lectura y que, en la mayoría de las ocasiones, utiliza Facebook o Instagram para otras cosas (o ni siquiera las tiene), pero que no andan enganchados a estas tecnologías. Por eso, casualmente, me han descubierto: porque son lectores acostumbrados a traspasar el telón y echar un vistazo a lo que hay más allá del ruido que nos alinea donde a los más interesados quieren que estemos. La lástima es que son poquitos, pero quizá llegue el momento en el que un golpe de suerte me permita alinearme más allá del lado oscuro del telón y destacar sobre el ruido que sobreviene en nuestras vidas. Entonces sucederá lo mismo que con el portero de Cabo Verde:

                ¿Dónde coño andaba este tío que no lo conocía?

Os dejo los enlaces a mi web y perfil de Amazon, por si os apeteciera echar un vistazo más allá del telón…

Mi web: http://www.pablocarnicero.com

Mi perfil de escritor independiente en Amazon: PABLO CARNICERO EN AMAZON


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