Es curioso, pero a raíz de la polémica suscitada con los comentarios de la influencer María Pombo en su muro de Instagram, me he acordado de inmediato del monólogo que le dedicó El Loco de la Colina al tema de los ignorantes por elección. Aquí puedes verlo:
He investigado un poco sobre el asunto, y todo se resume en lo siguiente: María sube un inocente vídeo en Tiktok sobre su nueva y flamante estantería y un usuario le reprocha que luciría mejor si pusiese en ella un libro que hubiera leído. Ella replica: “Lo voy a decir. Creo que hay que empezar a superar que hay gente a la que no le gusta leer. Y encima no sois mejores porque os guste leer”. He visto el vídeo para hacerme una idea y no hablar de oídas, como hace mucha gente, así que me he formado una opinión al respecto.
Está superado, María. Fíjate si está superado que el mundo se está construyendo precisamente para aquellos a los que no les gusta leer o leen poco, como bien apunta Quintero. Todo es mucho más visual, lo escrito está enfocado de tal manera que incluso la gente que no lee pueda hacerlo sin mayor dificultad. Las películas pierden calidad tanto en los diálogos como en propio argumento para no aburrir. Cada vez se escriben peores novelas para aquellos que todavía disfrutan de la lectura, precisamente porque lo que quieren es “no pensar”. Año tras año el nivel educativo se reduce de manera que hay alumnos que pasan de ciclo con asignaturas suspensas e, incluso, se les aprueban sin esforzarse ni lo más mínimo. Se está reduciendo de tal manera la calidad de las novelas que no leen las personas como María, que pronto no habrá casi diferencia entre lo que una IA puede escribir con la obra de un humano. Bueno, esto es algo de lo que ya he hablado en otros canales y tampoco quiero repetirme, así que os animo a escuchar mi podcast: “Un programa casi normal” y haceros una idea de lo que hablo: UN PROGRAMA CASI NORMAL.
Lo que me llama la atención es el mundo virtual en el que parece que nos estamos abocando a vivir: personajes como la menor de la Pombo son muy abundantes, de igual manera que en los años 90 teníamos a los personajes del corazón de las revistas y programas de la llamada “telebasura” y de más, así que no nos debería sorprender que haya gente que viva de mostrar un mundo de cuento para disparar las fantasías de sus seguidores. De esta manera, aparece un tipo que se cree que tiene la superioridad moral e intelectual para espetarle aquello de los libros, y se monta la marimorena. Mi pregunta es: ¿Quién cojones es esa persona que le dice a otra (que no conoce) que la estantería de su casa estaría mejor con un libro que hubiera leído? Es la misma clase de persona que sale en las redes de otra persona llamando a esta u otras personas gorda, fea, roja o lo que sea que toque para ofender y traspasar la mala uva que mucha gente estila en su interior. Yo veo, claramente, un poquito de envidia en el comentario y algo completamente fuera de lugar.
Si a María Pombo no le gusta leer, es cosa suya. He leído que mucha gente que no la conoce pone en duda la profesión que ella ejerce y es así como se muestra claramente que vivimos en un mundo muy polarizado en el que se desprecia lo que se desconoce. Yo tengo redes sociales y sigo a muchas personas por muchos motivos, y no solo por temas literarios, así que sé perfectamente a lo que se dedica esta señorita (o señora) y no me parece ni bien ni mal: es una manera de ganarse la vida. Y María Pombo es de las más éxito está teniendo, podríamos decir que es una estrella en nuestro país dentro de su profesión de la misma manera que lo son en la suya Cristiano Ronaldo, Messi, Lamine Yamal, tenistas como Nadal, Alcaraz, o escritores como Pérez Reverte, Eduardo Mendoza, etc. María Pombo está en la cúspide de la pirámide de su oficio y debajo de ella hay (en España solo) millones de aspirantes a influencers que adaptan sus perfiles sociales a lo que esta élite hace. No tenéis más que echar un vistazo un rato. Es el culto a las apariencias, a un mundo idílico plagado de viajes exóticos, gente guapa, cuerpos perfectos, casas de ensueño, sonrisas perfectas y todo lo que esto engloba. Es más: creo que la mayoría de las personas a nuestro alrededor siguen un patrón muy similar al de María Pombo y el resto de influencers, así que no me sorprende nada de nada todo esto.
Y a María Pombo no le gusta leer. Seguramente a muchos deportistas de éxito o actores tampoco les gusta leer, y a millones de españoles tampoco les gusta leer. Y no pasa absolutamente nada, porque el mundo ya lo ha superado (me remito al inicio del texto). Seguro que conocemos a más gente que lo le gusta leer que a los que les mola la lectura. ¿Leer te hace ser mejor persona? La pregunta se responde por sí misma si tienes un criterio bastante claro: no. Tampoco te hace ser mejor persona escribir bien, darle a la raqueta mejor que nadie en el mundo, o crear un mundo ficticio al que siguen millones de personas. Y me parece mentira que tengamos que estar hablado de esto, porque la respuesta es tan simple y obvia, que da hasta vergüenza darla.
Leer te da otra case de cosas que van aparejadas a la educación intelectual. No las pienso enumerar porque también son bastante evidentes y lógicas. Pero, por mi experiencia trabajando con chavales jóvenes toda mi vida y en los últimos años como librero, creo que obligarle a alguien a leer es un error de bulto. Es igual que obligar a alguien a que se ponga a dieta sin que esté convencido, o que haga alguna cosa que no le apetece o no quiere hacer: si le obligas, acabará aborreciéndolo. Y María Pombo, por los vídeos que he visto de ella en su perfil, no me ha parecido que tenga ni un pelo de tonta. Vive de otras cosas y, parece, que le va bien. Seguro que ha leído más de un libro en su vida solo que, o no le han pagado lo suficiente para hablar de ello, o no ha creído conveniente mostrarlo porque es consciente de que la mayoría de sus seguidores no suelen leer, así no les defrauda. No puede defraudar a los millones de “analfabetos de hoy”, como decía Jesús Quintero, que la siguen como auténticos hinchas de su particular equipo de fútbol. Vive de ello, pardiez.
En todo esto hay una cosa muy clara: María Pombo sabía perfectamente el jardín en el que se metía y que ganaría una repercusión tremenda a partir de sus palabras. La prueba es que estoy dedicándole un artículo a ello. Alguno de sus muchísimos asesores (porque los influencers tienen mogollón de gente a su alrededor trabajando para ellos) le habrá dado la enhorabuena porque acaba de hacerse mucho más conocida de lo que antes era. Han hablado de ella en todas partes gente que no la conocía, y eso es una estrategia mediática magnífica.
Bien jugado, María. Y eso que no lees…


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