El Milagro de Empel. Lienzo obra de Augusto Ferrer

El Milagro de Empel

Tal día como hoy, pero hace cuatrocientos cuarenta años, sucedió un acontecimiento crucial para la suerte del ejército español en la Guerra de los Ochenta Años. Los tercios de Mondragón, Íñiguez y Bobadilla, más una compañía de arcabuceros a caballo y seis piezas de artillería, en total cinco mil hombres, avanzaron por la línea del río Mosa con la intención de hacer invernada en la isla de Bommel pasada la villa de Bolduque. Hay que tener en cuenta que esta población era leal al rey español y que era costumbre acampar durante el invierno en tierra enemiga, pues así consumían los recursos enemigos y protegían los territorios propios, así hacerlo cerca de una villa aliada pero ya en territorio enemigo era lo adecuado. La idea no parecía descabellada, pero no tuvieron en cuenta que aquella región podría ser un lugar peligroso, pues si el enemigo rompía los diques que contenían a los ríos Waal y Mosa, quedarían aislados. No me alargaré con el relato de lo acontecido, pues tenemos mucha información al respecto y actualmente hay muchos artículos, podcasts e incluso novelas que lo relatan. Yo mismo ando liado con estos acontecimientos desde hace ya casi diez años para terminar esa inacabable novela que llevo pendiente desde el 2016. De esta manera, he acudido y reunido mucha documentación muy interesante, por lo que cuando leo artículos escritos casi copiados de otros, y me sonrío.

Grabado de la batalla de Empel, por Frans Hogenberg.

Mucho se ha discutido sobre si lo que aconteció en la madrugada del 7 al 8 de diciembre fue un milagro de la Virgen, ya que horas antes se había encontrado un lienzo de la Inmaculada Concepción enterrado entre el barro y los soldados españoles, fatigados, desanimados y desesperados, procesionaron con ella durante aquella jornada. Se encontraban en el islote de Empel atrapados por los cauces de los ríos antes mencionados y acosados por la flota holandesa rebelde. La situación era desesperada, pues el lugar en el que se refugiaban los españoles era prácticamente plano y no ofrecía protección ante el continuo hostigamiento enemigo. A esto se le unía la humedad y falta de alimentos para crear un cóctel desesperado. No llegó socorro alguno por parte del ejército real dirigido por el conde de Mansfelt, ya que el cerco naval del enemigo era tan férreo que hizo imposibles sus esfuerzos por auxiliar a sus hombres. Los españoles atrapados en Empel lo tenían muy complicado para sobrevivir. Después de procesionar con la imagen de la Virgen que habían encontrado mientras cavaban una trinchera para protegerse, tomaron la decisión de atacar al alba del día 8 de diciembre con lo que tuvieren y vender caro el pellejo, pues si se quedaban allí serían masacrados por el enemigo. Lo que sucedió fue un milagro para unos, o una fatalidad para otros: durante toda esa jornada y la posterior creció un frío extremo que heló las aguas de manera inaudita. La flota rebelde evacuó sus naves con precipitación, pues temían quedarse atrapados entre los hielos. Esta huida les llevó a pasar frente a las posiciones defendidas por los españoles, ya que se trataba del cauce del Mosa y no se había helado, por lo que recibieron toda la rabia y mala leche acumuladas durante varios días y causando numerosas bajas entre los flamencos. Gracias a la helada tan inesperada los españoles pudieron tomar algunas posiciones que les permitirían salir del trance sin oposición y asegurar la evacuación. Hay constancia de que algunos soldados se lanzaron sobre los hielos para tomar algunas barcazas y galeotas que habían quedado atrapadas o estorbadas entre las aguas heladas, pero no existió una carga de infantería a la desesperada ni las embarcaciones enemigas se quedadon atrapadas en el hielo. Lo que sí quedó para la historia fue la afirmación realizada con rabia y desesperación por los holandeses mientras evacuaban las naves: “Pues bien parecía que Dios fuese español”.

El ejército de infantería español adoptó como patrona a la Inmaculada Concepción poco después, y celebrar este día como festivo en su honor.

La documentación de lo acontecido es muy abundante. He leído, incluso, algún artículo en el que se niega que el lienzo de la Inmaculada Concepción fuese encontrado por nadie. En muchas ocasiones hay que aplicar la lógica en la documentación a la que se accede, sobre todo teniendo en cuenta que en aquella época el fervor religioso era lo que motivaba las vidas de los hombres: ya sea catolicismo, calvinismo, islam, etc. E incluso hoy, es lógico que el cristianismo crea que fue la Inmaculada la que intercedió para que las tropas que peleaban en su nombre contra los herejes rebeldes, pues la Guerra de los Ochenta años tuvo un componente religioso incuestionable y crucial. Fue una guerra de religión, y se salvaron de aquella situación por un milagro.

Lo primero que se discute es si, realmente, hubo un lienzo de la Inmaculada Concepción enterrado cerca de Empel. Es complicado de creer que se pueda encontrar un lienzo enterrado en el barro, con la humedad que había en la zona, y que permanezca en buen estado. Mi opinión es que Bobadilla necesitaba algún argumento para elevar la moral de sus soldados, quienes estaban al borde de la rebelión, así que empleó la baza más lógica: que de pronto apareciese una reliquia para darles esperanza a sus hombres. Me figuro que haría que algún soldado de confianza enterrase el lienzo en cuestión y que fuese encontrado de manera “casual”. Si hizo esto o no, es irrelevante, porque lo que sí que consiguió fue lo que buscaba: la moral se elevó y apareció algo de esperanza en unos soldados cuyo futuro parecía muy negro. Lo que tampoco sabía ni Bobadilla ni nadie fue que aquella precisa jornada bajaría la temperatura hasta el punto de helar las aguas circundantes. Ahí él no tuvo nada que ver y nadie pudo predecirlo, pues de lo contrario el enemigo se habría retirado. Fue inesperado, y para los creyentes es un milagro y para los no creyentes, una casualidad. Os podéis hacer a la idea de lo que aquello supuso y del golpe moral que asestó al enemigo ante aquella situación. Y que todavía hoy se recuerde como un acontecimiento asombroso.

Yo, independientemente de que crea si fue la Virgen quien intercedió en el asunto, sí que creo que fue una situación que merece la pena ser recordada. Es parte de nuestra historia, les guste a algunos o no, y creo que hay que contarla con la ecuanimidad lógica de nuestra época y teniendo en cuenta el momento en el que sucedió. Se trata de respetar una historia que transcendió nuestras fronteras. Y, tengo muy claro que, si hubiera pasado en otro país, habríamos tenido unas cuantas películas al respecto.

Yo, de momento, me contento con avanzar con mi interminable novela histórica con Empel como punto importante en el argumento. Veremos si la termino…


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